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Las herejías que previenen una cultura de la vida

por Brian Murphy

Tal vez para muchas personas la palabra “herejía” les evoca imágenes del  primer juicio falso de Juana de Arco (que fue póstumamente redimido  en un segundo juicio) o  imágenes de algunas de las reglas crueles e injustas  de la Inquisición.  Algunos pueden concluir que la herejía es anticuada o anacrónica.  Sin embargo, a través de la historia de la Iglesia, la herejía ha sido realmente un tema  importante  tanto para los Santos como para las autoridades de la Iglesia.  Eso es porque la herejía es muy dañina.  Uno podría decir que el suicidio destruye el cuerpo voluntariamente, mientras que la apostasía destruye el alma voluntariamente.  Del mismo modo, en una escala mucho más grande, la guerra destruye los cuerpos mientras que la herejía destruye las almas.  El punto de esta comparación simplificada es mostrar que la herejía es comparable a una batalla espiritual que debe ser ganada.  La Iglesia siempre ha considerado la herejía como un enemigo peligroso y ubicuo que es capaz de transformar el alma de una comunidad de fieles.  En nuestro tiempo es importante retomar la palabra “herejía”.  Veo tres principales herejías del mundo que han invadido y que florecen dentro de la Iglesia Católica.

1. La primera herejía es: La Herejía de la Primacía de la Consciencia.  Esta herejía dice que cada individuo tiene el derecho, sino es que la obligación completa, de anular, o cambiar una ley moral de acuerdo a su consciencia y de aplicar ese cambio no solamente a su propia vida si no también al ámbito público.  La verdad es que al hombre le está prohibido por Dios anular o cambiar la ley moral.

Dios nos ama y quiere que el hombre tenga libertad plena.  Sin embargo, El ha mandado que el hombre no debe comer el fruto del “árbol de la Ciencia del bien y del mal.” Gen. 2:17.   El hombre no debe establecer la ley moral.  Si lo hace, la historia ha demostrado una y otra vez   resultados desastrosos.  Pues, la libertad del hombre según el plan de Dios tiene un límite definido.  Este límite es para nuestro beneficio, nuestra supervivencia y nuestra prosperidad.  Dios sabe muy bien que nuestro enemigo, Satán, está tratando constantemente de engañarnos para destruirnos.  Para prevenir esto, Dios nos instruye en permitirle a El utilizar su infinita sabiduría para establecer la Ley Moral  Por ejemplo, El escribió los Diez Mandamientos.  No dio a Moisés una inspiración de formarlos en un sueño.  No pidió a Moisés que llame al consejo de los ancianos y los profetas para crearlos.  Los escribió por si mismo en la piedra – dos veces, porque las tablas originales se rompieron. Después El nos dijo: “escojan” Tenemos la libre voluntad de elegir entre lo bueno y lo malo. Si sobrepasamos nuestra frontera y si decidimos tratar de reestablecer la moral, de inmediato participamos en lo malo, que nos lleva a más malo y finalmente a la destrucción.  Para una discusión más detallada de cómo usar nuestra conciencia, vea El Rol de la Conciencia.

2. La segunda herejía es la Herejía de la Anticoncepción.  Se dice que la anticoncepción es buena y necesaria y que nos lleva a la más grande libertad personal y más estabilidad financiera en la vida.  La verdad es que hace exactamente el contrario.  La Herejía de la Anticoncepción recibe su energía de la Herejía de Primacía de la Conciencia.  Aunque Dios nos dice que la anticoncepción es mala, en nuestra cultura el hombre utiliza la Herejía de la Primacía de la Conciencia para sobrepasar su límite de libertad y para declarar que la anticoncepción es buena.  Los hombres rebeldes  se engañan a sí mismos pensando que la anticoncepción es buena.  Este razonamiento equivocado basa su percepción superficial de varios criterios:

Sin embargo, el hombre cristiano verdadero descubre y acoge la gran libertad de la castidad.  El utiliza el don de la castidad para mantener un matrimonio estable. Sabe que las cargas de la vida no desaparecen con menos niños y sabe que una inversión en su descendencia es la mejor inversión económica que puede hacer – no para su propia ganancia, sino para disfrutar en el Reino incluyendo una comunidad más grande.  También sabe de la alegría que experimentará personalmente al ver esa recompensa.  Sabe que la sobre población es un mito y que su propia prole hará al mundo un mejor sitio para todos.

3. La tercera herejía es la Herejía Del Derecho de Asesinar.  Esta recibe su energía de la primera y segunda herejías arriba.  Enseña que uno tiene el derecho de matar a los niños no nacidos  tanto como a los enfermizos y los designados como inútiles o demasiado costosos para que la sociedad los mantenga.  Es incomprensible que tal herejía aun exista, dado que es obvio que inflige un daño horrible sobre la humanidad – millones de asesinos.

Estas tres herejías se alimentan y se acompañan una al otra.  Como todas las herejías, vienen del mundo y se requerirá un esfuerzo y una energía tremenda para exorcizarlos de la Iglesia. Comencemos dicho esfuerzo llamándolas herejías y proclamando el daño que causan. Denunciémosla  pues como herejías en cualquier oportunidad.  Esto ciertamente requerirá de la corrección fraterna de los herejes.  Un hereje, se define formalmente, como un católico bautizado que pública u obstinadamente repudia alguna verdad la cual debe ser creída como un dogma de fe católico o quien expresa una duda obstinada sobre la misma verdad.  Me gustaría ofrecer la idea que hay dos tipos de herejes – públicos y clandestinos.  Los herejes públicos satisfacen la definición formal y pueden ser tratados según los métodos tradicionales de la Ley Canónica.  Los herejes clandestinos son bastante más numerosos, más taimados y los más difíciles de manejar.  No proclaman en público su herejía para no estar señalados como herejes.  Pero, calladamente, la promuevan con la aprobación silenciosa en cada ocasión que se les presenta.  La Iglesia tendrá el desafío difícil en manejar los heréticos clandestinos.  Entonces, la manera más efectiva en manejar la herejía es yendo a la fuente – los herejes.  Ellos necesitan ser llamados al arrepentimiento o removerlos de posiciones de enseñanza o de cuidado pastoral.

Argumentos de Apoyo

 “Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma.” CCC 2089. En esencia, una herejía es la negación de un dogma.  Entonces, para comprender la herejía, se debe explicar primero el significado de dogma.

Dogma

Un dogma es una verdad de fe divina y católica. La fe divina está directa y principalmente contenida en Las Sagradas Escrituras o en la Sagrada Tradición, ya sea implícita o explícitamente.  La fe Católica es la enseñanza que está propuesta formalmente y principalmente por el Magisterio como definitivo y obligatorio.  En otras palabras, los dogmas están apoyados por la revelación divina y por la autoridad del Magisterio. (Vea el Catecismo de la Iglesia Católica #88-95 y el Códice de Ley Canónico #747 a 755).  Los dogmas son los elementos más sustantivos de nuestra religión.  Los dogmas son infalibles.  Los dogmas pueden ser los elementos de la fe o los elementos de la ley moral.  Las listas abajo no están completas pero ofrecen algunos ejemplos de los dogmas:

Fe

 Morales

En contraste, algunos ejemplos de creencias que son importantes pero que no son dogmas son:

Consecuentemente, rebelarse abiertamente contra la inmigración legal resultado de un temor intolerante de los extranjeros es pecaminoso  pero no es herejía.  La primacía de la conciencia herética contradice directamente un dogma.  El dogma que contradice es uno muy importante – ni hombre, ni mujer, ni el Magisterio puede anular o modificar la ley moral.  Este dogma está definido y enseñado en algunos sitios.  Por ejemplo, la ley natural es “inmutable, eterna.”   CCC 1956.  Los Diez Mandamientos “Son fundamentalmente inmutables y obligan siempre y en todo lugar.” CCC 2072.   Aunque los Diez Mandamientos son una imagen del futuro y deben ser cumplidos a través de la nueva alianza del Espíritu Santo, no pueden ser cambiados.  Las palabras de Cristo resumen la misión de la Iglesia y nuestro rol en ella.  “Vayan, pues, y hagan discípulos míos a todas las naciones…y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes.  Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los  tiempos, (Mateo 28: 19-20).  La misión de la Iglesia es enseñar lo que Cristo encomendó.  Si hiciera lo contrario, no sería fiel a Cristo.  La Iglesia no puede cambiar lo que Cristo encomendó. Tampoco un individuo, si el desea permanecer recto y fiel a Cristo.  La doctrina se puede desarrollar y elaborar para que sea expresado en forma más clara, pero no se puede crearla o cambiarla de su sentido fundamental.  La cultura se puede cambiar, requiriendo nuevas maneras de expresar la verdad, pero la verdad no se cambia.

Esta es la razón porque afirma, además, la Iglesia que en todos los cambios subsisten muchas cosas que no cambian y que tienen su fundamento último en Cristo, que es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Veritatis Splendor #53.

La Iglesia puede aplicar los principios morales a nuevas circunstancias pero está prohibido de crear nuevos principios morales o anular o cambiar los existentes.  La Iglesia no puede y no cambiará un principio moral.

La Herejía de la Primacía de la Conciencia

Para que una enseñanza o creencia sea una herejía, debe simple y directamente contradecir un dogma.  La Herejía de la Primacía de la Conciencia lo es porque simple y directamente opone el dogma que el hombre no tiene permitido anular, ni formular, ni cambiar la ley moral.  La frase “Primacía de la Conciencia” no significa juicio de la conciencia (lo cual está permitido).  No significa obedecer la conciencia o  escoger según la conciencia, lo cual es necesario para tener una  vida Cristiana sana.  Esto no simplemente se refiere a la importancia de la conciencia.  La Iglesia apoya la importancia de la conciencia, exhorta al hombre a seguir a su conciencia y aun declara que el hombre no debe evitar obedecer su conciencia por los factores externos. (CCC Artículo 6 de Parte III Vida en Cristo.)  Sin embargo, la Herejía de la Primacía de la Conciencia involucra mucho más.  Para comprender todo lo que implica, es necesario estudiar el sentido de la palabra “primacía” como está usado en nuestra cultura y época.  La palabra “primacía”, según el Diccionario Webster’s significa el hecho de ser el primero en orden, rango o importancia.  Significa jefe. Entonces, el significado de la Primacía de la Conciencia va mucho más allá que solo liberar la conciencia para actuar conforme con las demandas de la dignidad humana.  La Primacía de la Conciencia es una herejía porque pretende colocar la propia conciencia en primer lugar.  Esta es colocada primero antes que la Palabra de Dios, el Magisterio, la enseñanza de los siglos de la Iglesia y el testigo o consejo de otros.  Con esta doctrina, la conciencia clasifica primera ante la ley moral con el inevitable intento de anularla o alterarla.  Eso hace herética la Primacía de la Conciencia.

El Papa Juan Pablo II escribe sobre esta elevación de la conciencia al primer rango en su encíclica Veritatis Splendor:

“En algunas corrientes del pensamiento moderno se ha llegado a exaltar la libertad hasta el extremo de considerarla como un absoluto, que sería la fuente de los valores. En esta dirección se orientan las doctrinas que desconocen el sentido de lo trascendente o las que son explícitamente ateas. Se han atribuido a la conciencia individual las prerrogativas de una instancia suprema del juicio moral, que decide categórica e infaliblemente sobre el bien y el mal. Al presupuesto de que se debe seguir la propia conciencia se ha añadido indebidamente la afirmación de que el juicio moral es verdadero por el hecho mismo de que proviene de la conciencia. Pero, de este modo, ha desaparecido la necesaria exigencia de la verdad en aras de un criterio de sinceridad, de autenticidad, de «acuerdo con uno mismo», de tal forma que se ha llegado a una concepción radicalmente subjetivista del juicio moral.” Veritatis Splendor #32.

“Leemos en el libro del Génesis: «Dios impuso al hombre este mandamiento: "De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio"» (Gn 2, 16-17).

Con esta imagen, la Revelación enseña que el poder de decidir sobre el bien y el mal no pertenece al hombre, sino sólo a Dios. El hombre es ciertamente libre, desde el momento en que puede comprender y acoger los mandamientos de Dios. Y posee una libertad muy amplia, porque puede comer «de cualquier árbol del jardín». Pero esta libertad no es ilimitada: el hombre debe detenerse ante el árbol de la ciencia del bien y del mal, por estar llamado a aceptar la ley moral que Dios le da. De hecho, la libertad del hombre encuentra su verdadera y plena realización en esta aceptación. Dios, el único que es Bueno, conoce perfectamente lo que es bueno para el hombre, y en virtud de su mismo amor se lo propone en los mandamientos. Veritatis Splendor #35

“La ley de Dios, pues, no atenúa ni elimina la libertad del hombre, al contrario, la garantiza y promueve. Pero, en contraste con lo anterior, algunas tendencias culturales contemporáneas abogan por determinadas orientaciones éticas, que tienen como centro de su pensamiento un pretendido conflicto entre la libertad y la ley. Son las doctrinas que atribuyen a cada individuo o a los grupos sociales la facultad de decidir sobre el bien y el mal: la libertad humana podría «crear los valores» y gozaría de una primacía sobre la verdad, hasta el punto de que la verdad misma sería considerada una creación de la libertad; la cual reivindicaría tal grado de autonomía moral que prácticamente significaría su soberanía absoluta.” Veritatis Splendor #35.

El Papa Juan Pablo II no declaró la herejía de Primacía de la Consciencia pero claramente inició el camino para que otros lo hicieran.  La necesidad de hacer esta declaración está impulsada por los eventos de nuestra cultura y nuestro tiempo.  La Primacía de la Conciencia está utilizada para negar la ley moral en un modo formidable.  Alimenta otras dos herejías – la Herejía de la Anticoncepción y la Herejía del Derecho de Asesinar los cuales están destruyendo la humanidad en un nivel que no tiene precedente en la historia humana.

Los Ejemplos de la Herejía de la Primacía de la Conciencia

En el 28 de febrero, 2006, una mayoría de Católicos que pertenecen al Partido Demócrata en la Cámara de Representantes de los E.U., guiado por Diputada Rosa L. DeLauro (Connecticut) lanzó una declaración de principios sobre como su fe les influye como legisladores.  Fue firmado por 55 Diputados Demócratas.  Durante décadas los Demócratas han sostenido incesantemente una plataforma proabortista del partido, así  como una política en favor de fondos para el aborto.  Los Demócratas en el Congreso no demuestran ninguna inclinación a resistir o cambiar esa plataforma o política.  En su declaración de principios, los 55 Demócratas Católicos se escribió:

“En todos estos asuntos, buscamos la guía y la asistencia de la Iglesia pero creemos también en la primacía de la conciencia.  Reconocemos el rol de la Iglesia en proveer liderazgo moral, admitimos y aceptamos la tensión que se genera cuando hay desacuerdo con la Iglesia en algunas áreas.”

Aquí “primacía de la conciencia” está puesta a un nivel mas alto que la guía, la asistencia y el “liderazgo moral” de la Iglesia.  Ellos dicen que esto causa una “tensión,” un eufemismo político para las horribles consecuencias de su desafío persistente y su rebelión contra la enseñanza moral de la Iglesia.  Ese desafío se manifiesta al mantener un registro de voto absolutamente pro-aborto lo cual sofoca efectivamente la vasta mayoría de las mociones próvida para entrar al congreso durante los últimos 35 años.  En efecto, se han aprovechado de la primacía de la conciencia  para cambiar la ley moral y lo siguen haciendo.

En la infame Declaración de Winnipeg promulgada por los obispos de Canadá en 1968 como respuesta al lanzamiento de la encíclica Humanae Vitae, los obispos escribieron en párrafo 26:

“…si estas personas han tratado sinceramente pero sin éxito seguir una conducta que está de acuerdo con las directivas enseñadas, pueden asegurar con certeza que quienes escojan  honestamente el camino que le parece mejor lo hacen con buena conciencia."

En base a esto se ha dicho a los católicos Canadienses que podrían seguir sus conciencias aun a sabiendas de pueden estar en desacuerdo con la ley moral con respecto a la anticoncepción como fue declarado en la encíclica Humane Vitae.  La Primacía de la Conciencia fue ratificada por los obispos canadienses, para anular efectivamente la encíclica Humanae Vitae, y cambiaron la ley moral a como se la aplicaba en sus vidas personales.  Además, La Primacía de la Conciencia fue la base para cambiar la ley moral dentro de los hospitales católicos canadienses los cuales venden anticonceptivos y rutinariamente hacen ligaduras de trompas.

Abundan los testimonios de hombres y mujeres quienes recibieron consejos de su confesor de simplemente seguir su conciencia cuando se trataba de su desafío personal con la anticoncepción.  En efecto, este mal consejo utiliza la primacía de la conciencia para anular la ley moral.  Muchos otros católicos ignoran completamente a la enseñanza de la Iglesia y utilizan la primacía de la conciencia para decidir la ley moral – en efecto anulándola o cambiándola.

La Herejía de la Anticoncepción

La herejía de la anticoncepción simple y directamente contradice un dogma.  El dogma es “que todo acto matrimonial en sí mismo debe quedar abierto a la transmisión de la vida.” CCC 2366.  Le esterilización directa o la anticoncepción son malos. CCC 2370.  Este dogma es infalible.  Muchos católicos se confunden al pensar que esta doctrina no es infalible porque nunca fue declarada “ex cátedra.”  “ex cátedra” significa de la silla de Pedro y es una modalidad en la cual el Papa, por si mismo, puede hacer un pronunciamiento formal de la doctrina, el cual es infalible.  La doctrina de la “Inmaculada Concepción” fue hecha por el Papa Pio IX de esta manera.  Sin embargo, la mayoría de los dogmas no han sido proclamados “ex cátedra” aún así todas son infalibles porque han sido proclamados en numerosas ocasiones por el Magisterio.  Esta es la vía mas convencional por la que los fieles reciben el don de verdad infalible.  Un buen ejemplo son Los Diez Mandamientos.

Uno no tiene que ir demasiado lejos para descubrir la herejía de la anticoncepción.  Esta se practica por la mayoría de los católicos bautizados en Los Estados Unidos,  Canadá,  Europa y muchos otros países.

La Herejía del Derecho de Asesinar

La herejía del derecho de asesinar simple y directamente contradice un dogma.  El dogma que contradice es uno de los Diez Mandamientos – “No matarás.”  La herejía tiene su mayor influencia entre aquellos que apoyan, promueven o realizan abortos.  El dogma ha sido expuesto por La Iglesia muchas veces y de muchas maneras.  “Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece inalterada. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.”  CCC 2271.  La herejía del derecho de asesinar utiliza la herejía de la primacía de la conciencia para cambiar la ley moral. La herejía entonces entra en vigor en el área pública para promover el “derecho” al aborto, o la eutanasia y para resistir obstinadamente cualquier esfuerzo encaminado a restringir la gran cantidad de asesinatos de seres humanos por medio del aborto y la eutanasia.

Conclusión:

En nuestra cultura y época se pueden nombrar tres herejías – la Herejía de la Primacía de la Conciencia, la Herejía de la Anticoncepción y la Herejía del Derecho de Asesinar.  Las tres contradicen en una manera simple y directa los dogmas establecidos de la Iglesia Católica.  Todas impiden el desarrollo de una cultura de la vida.  Promueven una cultura de la muerte. Abundan los ejemplos de discursos y acciones alrededor el mundo donde estas tres herejías están promovidas pública y obstinadamente por los católicos bautizados.  Para terminar, cito la Enciclopedia Católica: “Siendo la herejía un veneno mortal que se genera en el seno mismo de la Iglesia, debe ser erradicado si es que se desea que ésta viva y lleve a cabo su misión de continuar la obra salvadora de Cristo.”

Doy gracias a P. Matthew Habiger, PhD, OSB, doctorado en teología moral y Abad Charles Wright, OSB por sus sugerencias que fueron incorporados en este artículo.

Coto de Caza, CA, E.U.
el 17 de setiembre, 2017

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